Çatal Hüyük: Reina De La Obsidiana

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Ilustración sobre el tipo de doblamiento de Çatal Hüyük. Sacado de las notas personales de Carlos de Miguel

Vidrio volcánico. Afilada como el cristal de botella pero mucho más dura. Usada desde tiempos inmemoriales para fabricar puñales, puntas de lanza o flecha, y hoces para la recolección agrícola – así como espejos y joyas – aún hoy día sigue conservando su misma utilidad. Apreciada por su belleza y distintos colores, cumple su función como piedra preciosa, mientras que algunos cirujanos modernos la utilizan aún hoy como bisturí quirúrgico.

Su uso comenzó a ser cada vez más importante a medida que se formaban comunidades sedentarias neolíticas, con una mayor especialización del trabajo, necesidad de herramientas más precisas tanto de caza y de guerra como de recolección agrícola, y con el desarrollo de un primitivo tráfico comercial fruto de las necesidades de estos distintos núcleos de población.

La obsidiana, desde mediados del VII milenio en Oriente Próximo, cuando la agricultura y la vida sedentaria empezaban a imponerse, se convirtió en la materia prima más importante durante más de mil años (hasta la generalización del uso de los metales).

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Mapa que muestra a Çatal Hüyük como centro de de una compleja red comercial, siendo la obsidiana el producto estrella. Sacado de las notas personales de Carlos de Miguel

En el interior de Anatolia, en el VII milenio, la temperatura y la pluviosidad habían aumentado respecto al periodo glaciar anterior, lo que llevó al surgimiento de un bosque mediterráneo y en general a un entorno que favoreció la sedentarización. La fauna abundante llevó a la domesticación, los suelos fértiles junto a los ríos y y el surgimiento de cereal salvaje, fácil de recolectar, conducirá a la agricultura. La caza era importante también, con animales de tamaño medio como el jabalí, ciervo, o leopardo, mientras que la recolección era rica en guisantes, almendras, pistachos, lentejas y varios tipos de fruta. Con el tiempo se llegó hasta a elaborar una especie de cerveza.

El entorno era por tanto muy favorable a la sedentarización, y así nacen Mersin o Hacilar, focos protourbanos, aldeas organizadas. Sin embargo el desarrollo demográfico, económico y organizativo de Çatal Hüyük las superaba con mucho, ¡Incluso su planificación urbanística era diferente!

¿Cuál es la causa de esta diferencia? ¿cuál es el motivo de este desfase positivo en relación con el mundo neolítico circundante? La causa es un volcán, el Hasán Dagi, que es una de las cumbres de Anatolia y el gran foco de la riqueza de nuestra ciudad.

Çatal Hüyük llegó a tener 13 hectáreas y superó los 8.000 habitantes, una cifra que hubiera sido considerada formidable para cualquier urbe de la Europa altomedieval. La ciudad se levantó sobre una extensa llanura aluvial, lo que favoreció el uso temprano de la agricultura, y de ahí a la sedentarización. Hasta aquí no existiría ninguna diferencia con otros poblados neolíticos, pero es la obsidiana, la elaboración de productos relacionados con este material, así como su comercio, lo que la hace diferente. Más desarrollada, y hasta cierto punto más jerarquizada – por la necesidad de gestionar el tráfico de obsidiana -. También más original en su planteamiento urbanístico. Es como si al no haberse jamás construido un poblado tan grande, el hombre estuviera aún experimentando diferentes fórmulas de ordenación urbana. El modelo de Çatal Hüyük no creó escuela, pero a ellos les sirvió. Les fue útil construir una ciudad sin calles ni plazas, con casas rectangulares de adobe apiñadas las unas a las otras, y en donde la gente caminaba por los tejados planos y entraba a sus casas por aberturas en los techos, que a la vez eran claraboyas y chimeneas. Original y simple.

Las casas constaban de una sola habitación. Mobiliario escaso. Horno y hogar, molino de piedra y esterillas en el suelo. Todo en poco más de 20 metros cuadrados y algunas estancias anexas que servían de almacenes. Bajo el suelo de las mismas habitaciones enterraban a sus muertos, convivían con ellos, y obviamente les rendían culto. Encontramos también esculturas de toros en las casas, un animal totémico seguramente para ellos, a parte de figurillas de ambos sexos, siendo las más famosas aquellas que representan a matronas sentadas (foto).

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Matrona sentada encontrada en Çatal Hüyük

Todo lo relacionado con el culto, la religión y el más allá, sin embargo, tenía una mejor representación en una serie de casas dedicadas a tal fin. Algunos arqueólogos han hablado de santuarios, por la cantidad de figurillas allí encontradas, así como por la existencia de frescos en los muros . Estos edificios eran algo más grandes, y podrían cumplir una función de zona de encuentro.

Mucho se ha hablado de el relativo igualitarismo social de Çatal Huyuk (por otra parte algo normal en sociedades primitivas sin Estado), sin embargo también se ha argumentado que una ciudad tan populosa y que gestionaba buena parte del tráfico de obsidiana de Asia menor, tendría que tener algún tipo de casta dirigente, y por lo tanto cierta desigualdad social. Las investigadoras Pepa Gosull y M.E. Sanahuja en su articulo sobre el comercio de obsidiana en Çatal Hüyük hablan de una casta sacerdotal, que se encargaría de los asuntos del comercio, de importar materia prima (obsidiana, pero también silex, mármol o cobre) y de exportar producto elaborado, lo cual nos informa de que Çatal Hüyük era no solo un centro manufacturero sino que había cierta especialización del trabajo, así encontraríamos carpinteros, canteros, pintores, tintoreros, tejedores etc.

Esto está aún por demostrar, puesto que no se han encontrado talleres destinados a estos oficios tan especializados. En cuanto a que sean los sacerdotes (como única clase social ciertamente diferenciada) los que se encarguen de los negocios del comercio, tampoco es seguro ¿porque toda sociedad que funcione tiene que contar con una casta dirigente? Si los datos arqueológicos nos hablan de una relativa igualdad social, ¿no podría existir cierto comunitarismo (no hablamos de democracia a la ateniense) en donde los vecinos se pondrían de acuerdo sobre asuntos importantes que atañerían a sus diferentes oficios? ¿no podrían después repartirse los beneficios de alguna manera que redundara en el bien común de toda la ciudad? No lo sé, dejo a Ian Hooder y a su equipo de arqueólogos (los que están excavando allí en estos momentos) las respuestas. Yo sólo he lanzado unas preguntas.

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